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11 de Agosto, 2004
El diario New York Times, el más importante de Estados Unidos y
quizás del mundo, recientemente publicó un artículo que narra sobre
el conflicto forestal con comunidades Mapuche titulado: “Mapuche Indians in Chile
Struggle to Take Back Forests”
El artículo en versión
inglés, fue publicado el 11 de agosto reciente y da cuenta de testimonios de
dirigentes Mapuche, empresarios latifundistas y personalidades ligadas
al oficialismo.
A continuación, extendemos una traducción al español.
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New York
Times, 11 de Agosto, 2004.
(Mapuche Indians in
Chile Struggle to Take Back Forests)
Por LARRY ROHTER
Traducido por Paul Hobi
TRAIGUÉN, Chile Antes de que llegaron los conquistadores, e incluso por
siglos después, los bosques exuberantes y verdes del sur de Chile pertenecieron
al pueblo Mapuche. Pero hoy, plantaciones forestales estiran en todas
direcciones aquí, la propiedad de empresas forestales que suministran madera a
los Estadus Unidos, Japón y Europa.
Pero ahora los Mapuche, quejándose de falsos títulos de tierra y daños
ambientales y a su estilo de vida tradicional, están luchando para reivindicar
la tierra que ellos dicen que todavía les pertenece. Mientras su
confrontación con intereses corporativos se ha incorporado mas violencia, el
nombrado gobierno socialista de Chile ha intentado desarticular el movimiento
indígena invocando una versión modificada de la ley antiterrorista de la época
de la dictadura del General Augusto Pinochet, 1973-1990.
A pesar de protestas internacionales, 18 lideres Mapuche están
destinados para ir a juicio, acusado bajo una normativa que sanciona por
“causar temor entre sectores de la población.” Las cargas provienen de
una serie de incidentes durante los últimos siete años en los que los grupos de
mapuche han quemado plantaciones, fincas o han destruido equipo y camiones
forestales.
“Claramente, esto es un conflicto en que se han cometido algunos
crímenes bastante graves,” dijo Sebastian Brett, un representante de Human
Rights Watch en Chile. “Pero eso no significa que les puede poner a las
personas implicadas “terroristas”. Estos crímenes, no son contra la vida ni la
libertad humana, pero básicamente contra propiedad, y ellos provienen de un
sentido amplio de la queja entre los Mapuche de que a ellos se les ha
enajenado ilegalmente de sus tierras.”
Para muchos Mapuche, el conflicto actual es la continuación de un
conflicto que ha existido desde que llegaron los conquistadores en el siglo
XVI. Retirándose al sur del Río Bío-Bío, ellos triunfaron no sólo por
detener el control español, sino también, por mantener su independencia
reconocida formalmente en tratados, y siendo incorporados al Estado chileno
sólo en los 1880 como resultado de una serie de expediciones militares
violentas.
Después de eso, en una imitación consciente del método Estadounidense de
tratar con pueblos indígenas, Chile puso los Mapuche en reducciones para que colonos
alemanes, italianos y suizos pudieran asentarse en la región. Pero por los años
1920, las políticas habían cambiado, y los Mapuche perdieron un fragmento
importante de sus títulos, disminuyendo aún más sus tierras ancestrales por los
procedimientos que ellos ahora describen como ilegal.
“Desde el momento que el estado chileno adjuntó el territorio Mapuche, y
la violencia utilizada para hacer eso, el Estado de Derecho nunca ha existido
al sur del Bío-Bío,” dijo Aucán Huilcamán, un líder del Consejo de Todas las
Tierras, una organización Mapuche con sede en la ciudad de Temuco, al sur de
aquí. “El estado niega reconocer que somos un pueblo con derechos que son
vigentes aún antes de que Chile existiera como un Estado y que siguen vigentes
hoy.”
Durante la década pasada, “los Mapuche han visto la economía del país
crecer rápidamente” como el resultado de las políticas del libre mercado que
han llevado a un “boom” de la exportación de productos Chilenos, dijo José
Bengoa, historiador destacado de Chile sobre los Mapuche, un grupo que alcanza
un millón de los 15 millones de personas viviendo en Chile. “Pero ellos están a
sí mismo en un estado de la miseria, con un conocimiento de su situación que
los lleva a la desesperación y la exasperación.”
A pesar de que intereses japonés y suizos están activos aquí en la
región que los Mapuches llaman “ la Araucanía,” Las dos principales
compañías forestales son chilenos. En la misma tierra que los Mapuches
reclaman como suyo, las forestales han plantado centenares de millares de
hectáreas con pino y eucaliptus, especies que no son nativas a la región
y que consumen mucha agua y se emplean grandes cantidades de fertilizante.
“Muchas comunidades Mapuches se han levantado y han dicho ‘Nosotros no
queremos más plantaciones aquí,’ ‘‘ dijo Alfredo Seguel, un líder de un grupo
de profesionales jóvenes Mapuches llamado Konapewman. “Campos productivos
han sido convertidos en monocultivos en desmedro de otras actividades,
ayudando a destruir la tierra, empobreciendo, dañando, sin generar mayores
empleos a las personas y salarios bajos”
Sin embargo, las evidencias de un paisaje transformado están por todas
partes aquí. Las carreteras con las carteleras que proclaman, “Si el bosque
crece, Chile crece”; obedezca a la ley de la silvicultura,” corren los
kilómetros y más kilómetros pasando sólo plantaciones, árboles fragantes
que se espacian uniformemente y casi idénticas en su altura.
Las exportaciones chilenas de madera a los Estados Unidos, casi todas
los cuales vienen de la región sureña, están cerca de U$600 millones al año y
van subiendo. Aunque una campaña internacional dirigida por la ONG ambiental
Forest Ethics provocó que la cadena de Home Depot y otros importadores
destacados de madera acordaron el año pasado revisar sus políticas
compradoras para , “tomar medidas para la protección de bosque nativo en
Chile,’’ algunos líderes militantes Mapuches no están satisfechos con esto.
“Las compañías grandes y los latifundistas son usurpadores que ganan a
nuestra costa, y nosotros queremos que ellos se salgan,” denunció José
Huenchunao, un líder Mapuche de una área este de acá, que está entre los
18 destinado para pasar al juicio. “Somos un pueblo que ha sido engañado, que
ha agotado todos los medios legales de alcanzar reparación, y nosotros tenemos
el derecho de recuperar lo que nos fue robado, incluso si eso significa usando
medios que incorporaran la violencia dentro de nuestra lucha.”
En un esfuerzo para desactivar las tensiones, se conformó un equipo
especial gubernamental, la Comisión para la Verdad Histórica y Nuevo
Trato, quien publicó un informe el año pasado recomendando cambios drásticos en
el tratamiento de los indígenas en Chile, de los cuales más de 80 por ciento
son Mapuche. Las recomendaciones incluyeron el reconocimiento formal de
derechos políticos y “territoriales” para personas indígenas, y también
esfuerzos de promover su identidad cultural.
El presidente Ricardo Lagos ha ensalzado el documento como un esfuerzo
para “corregir los errores, a veces inevitable, que el estado Chileno cometió
en su tratamiento de las etnias.” Pero ni los líderes Mapuche ni los
intereses de los forestales parecen satisfechos, y a pesar de que el Sr. Lagos
ha hecho una promesa para empujar para la adopción de las medidas, el Congreso
chileno no ha tomado ninguna acción.
Algunos líderes Mapuches, incluso el Sr. Huilcamán, que era un miembro
de la comisión, se opone al informe señalando que es “un documento
colonialista” que no va suficientemente lejos. Pero los latifundistas
creen que las propuestas de autodeterminación del plan alentarán los
levantamientos indígenas como en Chiapas, México, o llevarán aún a separatismo
por parte de los movimientos indígenas como ésos que han aparecido en Bolivia,
Perú y Ecuador.
“Llevado a un extremo, esto podría llevar a cabo el desmembramiento del
estado chileno,” dijo Juan Agustín Figueroa, ex-ministro de agricultura y
juez del Corte Supremo que es un portavoz destacado para propietarios en esta
región. “La unidad nacional es un gran logro, se ganó a gran costo, y es una
locura hablar de otorgar autonomía al ‘territorio Mapuche.”
La familia del Sr. Figueroa ha poseído una granja de 3,000 hectares aquí
desde los 1940 y él dijo que “nosotros siempre tuvimos una política de buen
vecino con los Mapuche.” Pero en 2001, después de lo que él describió
como “primero amenazas y después incendios de bosque, un grupo de Mapuches
radical quemó” una casa patronal en la propiedad.
Aunque dijo que reconoció que las organizaciones Mapuches no tuvieron
nada en común con “los grupos como Al Qaeda o aquellos en Irak,” El Sr.
Figueroa argumentó que el uso de la ley antiterrorista contra ellos era
apropiado políticamente y judicialmente. Pero es precisamente esta
campaña de dos estrategias contra los Mapuche que preocupa sus defensores.
A fines de los 1990, la causa Mapuche tuvo más apoyo entre la ciudadana
chilena que tiene hoy,” dijo Rodrigo Lillo, un abogado que ha defendido a líderes
Mapuches en tribunales militares. “Utilizando la ley terrorista, el gobierno no
sólo ha conseguido desarticular organizaciones Mapuches, también les han robado
del prestigio y la simpatía moral de la que anteriormente mantenían.”
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