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Articulo por el Boletín del WRM (Movimiento
Mundial por los Bosques Tropicales) No 98 -
septiembre de 2005
Tom Griffiths
Los bosques de Perú están bajo asedio.
Por toda la Amazonia peruana, madereros ilegales y otros “legales”,
igualmente destructivos, se dedican al madereo a gran escala de los
últimos árboles de caoba (Swietenia macrophylla) y cedro (Cedrela
odorata), dos especies de gran valor. De acuerdo con las últimas estimaciones,
un 90 % de la madera extraída en la Amazonia peruana es ilegal. Las
cifras oficiales informan que la mayoría de la madera dura peruana
es exportada a México, Estados Unidos, Canadá y Bélgica. Gran parte
de esta madera es importada en violación de los acuerdos internacionales
de protección al medio ambiente (como CITES). Por otra parte, la extracción
de madera peruana muchas veces ha implicado la violación de los derechos
humanos de los pueblos indígenas, particularmente su derecho a la
propiedad, a la consulta previa, a la subsistencia y a la integridad
cultural.
A
medida que se talaron los bosques de las zonas más accesibles, la
mafia forestal peruana comenzó a penetrar cada vez más en la selva,
en busca de especies cotizadas. La mayoría de estas áreas remotas
forman parte de los territorios que han pertenecido tradicionalmente
a pueblos indígenas, incluso comunidades no contactadas y vulnerables.
En Ucayali, por ejemplo, los madereros ilegales han abierto caminos
hasta lo más profundo de la Reserva Murunahua, que amenazan la integridad
de los territorios de los pueblos indígenas que viven en aislamiento
voluntario. En una palabra, la mayor parte de la madera ilegal de
Perú es extraída de las reservas comunales de las Comunidades Nativas,
de las reservas de pueblos indígenas no contactados que viven en
aislamiento voluntario, o de las zonas de conservación protegidas.
Organización de la extracción ilegal:
La
organización de la explotación ilegal en Perú se basa en un sistema
regional amazónico que existe desde hace mucho tiempo, conocido
como habilitación, el cual está financiado y controlado por
intermediarios y por una poderosa mafia maderera. Las cabezas
de esta mafia suelen estar vinculadas con las estructuras de poder
locales, incluido el gobierno regional. Los intermediarios (habilitadores)
adelantan dinero a pequeñas bandas de leñadores equipadas (habilitadas)
para ingresar al bosque a cortar árboles, los transportan a aserraderos
de “blanqueado” para “legalizarlos”, y luego los envían a depósitos
de madera situados en los centros urbanos. Los equipos de leñadores
ilegales están en constante movimiento y bien armados, y se ha comprobado
que usan armas de fuego para resistir cualquier tentativa de decomisar
su madera en el bosque. La tala es efectuada por trabajadores forestales
sin recursos, mientras que los intermediarios y los magnates de
la madera de ciudades y pueblos se encargan de la comercialización.
Conflictos entre los madereros y las comunidades
indígenas:
La
tala sin control ha desembocado en conflictos entre las comunidades
indígenas (con o sin título de propiedad) y los leñadores ilegales,
que invaden sus territorios ancestrales para cortar madera sin permiso.
Desde 2002, los jefes de la tala ilegal han promovido todos los
años, tanto en Madre de Dios como en otros lugares, invasiones masivas
a los territorios de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario
con el objetivo explícito de obligarlos a desplazarse y así poder
declarar que dichos pueblos no ocupan ciertas zonas de bosque donde
abunda la madera valiosa. Los choques entre comunidades indígenas
y leñadores se han vuelto cosa habitual. Hace muy poco tiempo, en
mayo de 2005, dos leñadores fueron muertos a flechazos cuando estaban
talando en el curso superior del Río Piedra, en Madre de Dios. Estas
muertes provocaron fuertes protestas a nivel nacional; sin embargo,
los líderes indígenas afirman que aún no se sabe cuántos de los
suyos fueron víctimas de las balas de los leñadores durante el enfrentamiento.
Verdaderamente se teme que los madereros estén masacrando comunidades
indígenas remotas, pero tales atrocidades son aún desconocidas en
el mundo exterior.
En
toda la región, leñadores ilegales y empresas madereras supuestamente
“legales” aplican estrategias turbias y manipuladoras para lograr
el acceso a los recursos de las Comunidades Nativas. Tanto los leñadores
como las firmas madereras suelen inventar acuerdos escritos informales
o firmar contratos formales con los líderes comunitarios sin conocimiento
ni consentimiento del conjunto de la comunidad. En muchas de éstas
no existen estructuras colectivas eficaces para la toma de decisiones,
y los madereros se aprovechan de esta debilidad para hacer tratos
con individuos o grupos reducidos.
Iniciativas fallidas del gobierno:
Bajo
la presión de organizaciones regionales de pueblos indígenas, como
la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD),
conjuntamente con varias ONG y organizaciones de la sociedad civil,
el gobierno peruano adoptó una serie de iniciativas para combatir
la tala ilegal. También se tomaron medidas para brindar protección
a los pueblos indígenas no contactados. En abril de 2002 se estableció
por Resolución ministerial una reserva para pueblos indígenas en
aislamiento voluntario, situada en el nacimiento del Río Piedra
en Madre de Dios. En agosto, FENAMAD firmó un acuerdo con el gobierno
para instalar puestos de control y vigilancia en la frontera Sur
de la reserva (conocida como la línea 343).
En
octubre del mismo año, el gobierno creó la Comisión Multisectorial
de Lucha contra la Tala Ilegal en el Perú, la cual elaboró luego
un plan de acción en este sentido. Se organizaron mesas redondas
nacionales y regionales sobre política forestal, durante las cuales
el gobierno solicitó propuestas sobre cómo combatir la tala ilegal.
Se han aprobado numerosos decretos y resoluciones gubernamentales
para reglamentar las actividades madereras, sancionarlas cuando
son ilegales e investigar los casos de corrupción.
A
pesar de todos los compromisos formales y de todos los decretos,
resoluciones, leyes y planes de acción, muy poco se ha hecho en
realidad. El gobierno tiene más de 50 Puestos de vigilancia
en la región amazónica, pero éstos no son efectivos debido a los
funcionarios corruptos que permiten el tráfico de troncos robados
y madera aserrada a cambio de soborno. Aún en los casos en que el
personal gubernamental no es corrupto, los puestos no pueden tomar
ninguna medida por la gran carencia de recursos. Los casos en que
se ha decomisado oficialmente madera ilegal talada por empresas
madereras han sido poco frecuentes y de escaso volumen.
La
policía y las autoridades forestales no han apoyado los puestos
de vigilancia a cargo de FENAMAD en la línea 343; como consecuencia
de esto, los leñadores ilegales invaden continuamente el área protegida.
En mayo de 2005 se estimaba que había no menos de 150 campamentos
de leñadores dentro de la Línea 343. Sin embargo, el gobierno no
ha tomado ninguna medida eficaz para hacerlos salir. Algunos de
los puestos de vigilancia han sido saqueados o incendiados por los
equipos de leñadores clandestinos.
La
mafia y las grandes empresas madereras son los mayores obstáculos
para toda reforma progresista, tanto a nivel local como regional.
Es por esta razón que muchas de las reservas propuestas para los
pueblos indígenas no contactados aún no han sido legalmente instituidas.
Tal es el caso de Napo Tigre, Yavarí Tapiche y Cashibo
Cacataibo.
La
demora en la designación de estas áreas se debe en parte a la presión
de los poderosos intereses comerciales e industriales que se oponen
con fuerza a toda zona de bosque protegida, incluidas las reservas
para pueblos indígenas no contactados y las extensiones de los títulos
de propiedad ya existentes de las Comunidades Nativas.
Un sistema de concesiones forestales erróneo:
La
nueva ley forestal adoptada en 2001 fue un elemento central de la
respuesta del gobierno a la tala ilegal. Dicha ley debía promover
una extracción sustentable de la madera en la selva peruana. Desafortunadamente,
ésta fue implementada con precipitación, burlando las medidas de
protección de los derechos de los pueblos indígenas, y la tala ilegal
y destructiva continuó con la misma intensidad. Las organizaciones
de pueblos indígenas como la Asociación Interétnica de Desarrollo
de la Selva Peruana (AIDESEP) han señalado que la agencia gubernamental
responsable de supervisar la delimitación y la venta de las concesiones,
conocida como Instituto de Recursos Naturales (INRENA), ha violado
numerosas normas de la ley forestal. Denuncian que esa agencia ha
delimitado concesiones sin consulta previa y sin una evaluación
social y ecológica, en contravención de las obligaciones contraídas
por el Estado según la Convención 169 de la OIT y de varias leyes
para la protección del medio ambiente y de las Comunidades Nativas.
De este modo, las concesiones han sido impuestas en tierras indígenas
en muchos lugares de la región amazónica.
Por
otra parte, los concesionarios usan el sistema de concesiones para
blanquear la madera ilegal robada en las tierras indígenas y áreas
protegidas adyacentes. Se mezcla la madera legal con la ilegal,
usando los permisos de transporte de las concesiones madereras legales
para evitar ser descubiertos. Cada vez son más las empresas madereras
que ofrecen su apoyo a las Comunidades Nativas para que obtengan
un permiso de extracción que les permita “legalizar” y “blanquear”
su propia madera ilegal extraída fuera de la zona autorizada. Como
explicó en 2004 el Sr. Kruger Pacaya, ex presidente de ORAU (Organización
Regional AIDESEP Ucayali):
Es trágico! Los nuevos concesionarios
están usando sus contratos con el gobierno para encubrir la tala
ilegal. Continúan entrando en territorios indígenas y áreas protegidas
adyacentes a sus concesiones para extraer caoba y cedro. Están
haciendo lo mismo con los permisos de tala de las Comunidades
Nativas y con los códigos impositivos, que utilizan para blanquear
madera ilegal, extraída clandestinamente de otras áreas. Lo único
que dejan tras de sí es un bosque empobrecido y enormes deudas
impositivas que la comunidad no tiene forma de pagar...”
Las
empresas pagan a las comunidades precios extremadamente bajos por
su madera, y descuentan la mayor parte de sus costos como “crédito”
otorgado a la comunidad, que éstas deben reembolsar en trabajo o
madera. Recientes informes llegados de la región de Alto Purus revelan
el alto grado de explotación y abuso a que están sometidas las poblaciones
indígenas: reciben 30 dólares por un árbol de caoba adulto, el cual
es vendido en 11.000 dólares en Pucallpa. Como explica Arlen Ribeira,
líder Huitoto y miembro de AIDESEP:
“La tala ilegal y el robo de madera
por medio de transacciones fraudulentas se practican a gran escala
en el Alto Purus. Nuestros hermanos se vuelven cada día más pobres.
Sus tierras están sufriendo grandes daños, dejándolos en una situación
económica cada vez peor. Es una terrible explotación, a la que
hay que poner fin...”
Los
informes de los indígenas del Alto Purus confirman que la agencia
gubernamental INRENA y los militares están implicados en el tráfico
ilegal de madera. Ciertos funcionarios gubernamentales han sido
acusados de complicidad con la mafia maderera que extrae caoba y
explota a las Comunidades Nativas.
La lucha desde la base contra la tala ilegal:
Frente a la corrupción generalizada de las
autoridades gubernamentales, que además se muestran reacias a enfrentarse
con las poderosas y peligrosas mafias madereras, las comunidades
indígenas de los bosques han decidido actuar por sí mismas y decomisar
la madera robada en sus tierras y áreas protegidas adyacentes. En
la Selva Central, por ejemplo, las comunidades Ashaninka formaron
sus propios Comités de Vigilancia, Control y Defensa Forestal.
Estos grupos de defensa territorial se han enfrentado a los leñadores
armados y los han expulsado de sus bosques nativos. Acciones similares
tuvieron lugar en Loreto, Ucayali y Madre de Dios, pero en general
el gobierno no ha recompensado a la comunidad e incluso, en algunos
casos, se llevó la madera y la vendió como de su propiedad.
Las Comunidades Nativas y las ONG que las
apoyan tomaron también ellas sus propias iniciativas independientes
de vigilancia local. Ejemplo de ello es el trabajo de las ONG CEDIA
y Shinai, que han establecido puestos de vigilancia independientes
y utilizado el GPS para evitar la entrada de leñadores ilegales
en la reserva de Kugapakori-Nahua. Shinai trabajó directamente con
las comunidades indígenas para ayudarlas a reunir sus propios datos
por GPS y presentarlos a las autoridades gubernamentales como evidencia
de incursiones ilegales. En
unos pocos casos, esta evidencia de base presentada a las autoridades
de Lima empujó al gobierno a tomar medidas para decomisar la madera
y expulsar a los leñadores clandestinos.
A pesar de estos logros, la mayor parte de
las iniciativas tomadas desde la base carecen de recursos y no cuentan
con el reconocimiento oficial. Las organizaciones indígenas y grupos
de la sociedad civil local se sienten cada vez más frustrados ante
tantos decretos y planes gubernamentales que prometen tomar medidas
pero hacen poco o nada para detener en los hechos la tala ilegal.
“Estamos hartos de tanto diálogo
político y mesas redondas forestales. El gobierno quiere seguir
hablando de las formas de combatir la tala ilegal, pero no está
dispuesto a hacer nada serio. Hasta el nuevo sistema de concesiones
ha promovido el blanqueado de madera. Lo que necesitamos ahora es
una serie de medidas reales para la aplicación de la ley y la protección
legal de las tierras boscosas de los pueblos indígenas. Ya es tiempo
de aplicar efectivamente todos los Decretos, Resoluciones y Acuerdos.”
(Jorge Payaba, Presidente de FENAMAD, setiembre de 2005)
En
su larga lucha para combatir la tala ilegal y la crisis forestal
en Perú, las organizaciones indígenas y las ONG que las apoyan continúan
reclamando:
- Expulsión inmediata de los madereros ilegales
de las Reservas Estatales para los Pueblos Indígenas en Aislamiento
Voluntario.
- Medidas urgentes para controlar y vigilar efectivamente
las fronteras de las reservas para los pueblos indígenas en aislamiento
voluntario.
- Investigación y sanción de los operadores forestales
ilegales que actúan dentro de los territorios indígenas y áreas
protegidas.
- Nuevos mecanismos y recursos para asegurar una
aplicación adecuada de las leyes y protecciones existentes referidas
a los pueblos indígenas y los bosques.
- Los países importadores deben dejar de comprar
madera dura peruana hasta que cesen la tala ilegal y la violación
de los derechos de los pueblos indígenas.
- Reforma de la ley forestal y cambios en su aplicación
que garanticen el respeto de los derechos consuetudinarios de
los indígenas a su territorio, sus tierras y sus recursos.
- Mayor reconocimiento y ayuda técnica y legal
para la defensa territorial y las iniciativas de vigilancia tomadas
por las comunidades indígenas y locales.
- Programas de capacitación y de fortalecimiento
institucional para las Comunidades Nativas y sus organizaciones
afectadas por la crisis de los bosques.
Artículo compilado por Tom Griffiths, Forest Peoples Programme,
correo electrónico: tom@forestpeoples.org
Fuentes: (1) FENAMAD (2005), Vulneración
de los derechos de los pueblos indígenas en aislamiento vountario,
Pronunciamiento: 26 de mayo de 2005; (2) ORAU, ARPI-SC, FENAMAD
(2004), Resumen de talleres sobre la situación forestal en las
organizaciones regionales de AIDESEP (en colaboración con el
FPP y Racimos), Lima, setiembre de 2004; (3) AIDESEP (2004), Contra
el abuso y la prepotencia de funcionarios del Estado y concesiones
forestales en la región Ucayali, Declaración pública; (4) Griffiths,
T. (2004), Indigenous Peoples in Peru call for forest policy
reform and major changes in implementation of Forest Law, www.forestpeoples.org;
(5) García, A. (2004), “Perú y Bosques: privatismo y derechos indígenas”,
Kanatari (431)VII:14-15; (6) Chirif, A. (2002), “Controles
y descontroles: extracción ilegal de madera en el Pacaya Samiria”,
Ideele (2002), 148:81-85; (7) Alianza Amazónica (2004), Illegal
logging in Peru: working group report, reunión anual de Alianza
Amazónica, Iquitos, junio de 2004.
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