Talando el Corazón de Borneo: el angustioso caso de Long Isun

GPS is used to map the community's territory

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By
Angus MacInnes

Talando el Corazón de Borneo: el angustioso caso de Long Isun

A finales del siglo XIX un numeroso grupo de Dayak Bahau se asentó junto al río Meraseh, un afluente del Alto Mahakam en Kalimantan Oriental, Indonesia. Durante un siglo vivieron en Long Isun sin apenas ser perturbados, hasta que en los años 80 del siglo XX el Gobierno los reasentó en las riberas del río de Mahakam. Los años siguientes estas comunidades del centro de la isla de Borneo han sufrido muchas perturbaciones.

En Long Isun la singular relación de los Dayaks con la tierra está siendo erosionada por grandes empresas. Para estas gentes la tierra tiene un profundo significado espiritual y cultural. Su territorio se divide en 13 zonas diferenciadas entre las que se incluye una zona para recolectar rotén (la materia prima para su artesanía), una zona para enterrar a los muertos y una zona llamada Tanaaq Peraaq (zona de conservación).

La conservación tiene raíces profundas en la cultura Dayak. La supervivencia de los bosques es de suma importancia para la supervivencia de las futuras generaciones de Dayaks. «Aunque nosotros los humanos podemos dar a luz, la tierra no puede. Si talamos el bosque, ¿qué esperanza hay para nuestros nietos? —se lamenta Inui Yeq, líder espiritual de Long Isun— «los Dayaks no pueden estar separados del bosque, pasamos nuestra vida en el bosque. Sin él perdemos nuestra identidad».

Los Dayaks no solo dependen de su tierra para sus propios medios de vida sino que también es la fuente de su medicina, sustento y prácticas culturales. Eso nos lleva a preguntarnos quién es más probable que proteja y conserve el bosque: ¿la comunidad a la que interesa mantenerlo para su propia supervivencia y la supervivencia de las generaciones futuras, o los funcionarios corruptibles y la industria que solo ven el bosque en términos financieros y carecen de esta profunda relación con la tierra?

En 2007 la organización internacional de conservación WWF anunció públicamente un programa internacional para conservar el «Corazón de Borneo». El objetivo de la iniciativa, que fue oficialmente respaldada por los Gobiernos de Brunéi, Malasia e Indonesia, era «conservar la biodiversidad del Corazón de Borneo en beneficio de las personas que dependen de ella». Se decidió que una parte fundamental del programa era alentar a las empresas a llevar a cabo una tala responsable, para lo que el Consejo de Administración Forestal (FSC) proporciona un sello de aprobación con el que certifica la gestión sostenible de los bosques.

En 2008 el FSC certificó a la empresa PT Kemakmuran Berkah Timbers (PT KBT), que obtuvo una concesión de 82 000 hectáreas que se superponían a los territorios de seis grupos Dayak, incluido el de Long Isun. Las tensiones no tardaron en surgir. Primero la empresa se encontró con objeciones de la comunidad Dayak Bahau de Long Tuyoq, en la que aún continúa el conflicto, relacionadas con la extracción de madera de su apreciado Tanaaq Peraaq.

Dos años más tarde, en 2014, KBT PT empezó a desarrollar de lleno su actividad en 2000 hectáreas de tierras en régimen consuetudinario de Long Isun. Las consecuencias fueron inmediatas.

«Las acciones de KBT han significado que ya no encontramos animales para cazar porque los ruidos que hacen los vehículos de KBT los espantan, no podemos pescar porque el río ha sido contaminado con productos químicos y no podemos encontrar ulin [un tipo de madera de hierro local] ni garu [madera de agar] porque la empresa se las ha llevado», señala Hufat Biseh, jefe de los cazadores de Long Isun.

La situación empeoró rápidamente. Cuando representantes de la aldea intentaron entablar un diálogo con la empresa se encontraron con represión policial. Uno de ellos, Teodorus Tekwan, fue detenido y encarcelado sin cargos durante 109 días.

Reflexionando sobre el tiempo que pasó encarcelado Tekwan declaró que «al final parecía que la policía y KBT trabajaban juntas, querían cambiar mi sentencia por nuestro territorio».

Afortunadamente la determinación y la resolución que caracteriza a toda la comunidad no fue quebrantada por estos acontecimientos y la comunidad, apoyada por la labor implacable de una coalición de 13 ONG de Kalimantan Oriental, llevó a cabo una campaña concertada en los medios de comunicación en apoyo de Long Isun, y finalmente convenció a las autoridades de que soltaran a Tekwan.

Desde que PT KBT empezó a cosechar madera en el territorio de Long Isun, no han buscado en ningún momento el consentimiento de la comunidad para sus operaciones a pesar de que la comunidad ha manifestado repetidamente desde 2012 que no desea que haya ninguna empresa desarrollando su actividad en sus tierras. Haciendo caso omiso de estos mensajes claros de la comunidad, el organismo de certificación «independiente» (FSC) y sus auditores (cuya función es evitar violaciones de los derechos humanos y la destrucción del medio ambiente) demostraron un completo desprecio por la consternación de la comunidad y renovaron dos veces el certificado de PT KBT en 2015 y 2016.

Eso motivó al FPP para asociarse con una organización local de mujeres Dayaks, Perkumpulan Nurani Perempuan, y presentar oficialmente una reclamación que forzó al FSC a investigar el asunto.

Lo que ha pasado durante los seis meses siguientes a la apertura del caso por parte del FSC ha sido una decepcionante farsa. La investigación que ha llevado a cabo el Consejo de Administración Forestal a raíz de nuestras reclamaciones ha sido deficiente. Los auditores llegaron a la comunidad acompañados de personal de PT KBT, los militares del subdistrito y una brigada móvil de la policía. No se realizó consulta alguna a la comunidad sino que se entrevistó a puñado de miembros intimidados de la comunidad.

El informe final presentado por el Consejo de Administración Forestal en junio incluyó algunos puntos positivos gracias a los cuales se anuló el certificado de PT KBT. Sin embargo en los resultados de la investigación no se reconoce el hecho de que se habían violado los derechos consuetudinarios de la comunidad. Para remate, el FSC declaró que en vista de esos resultados daba por cerrado el caso, sin proporcionar ninguna compensación a los Dayaks por la pérdida de 2000 hectáreas de tierra a manos de la empresa.

La experiencia de Long Isun ha puesto de manifiesto importantes deficiencias de los sistemas de certificación para proteger los derechos de los pueblos indígenas.

¿Cómo se puede esperar que los organismos de certificación puedan evaluar de forma independiente su propia actuación? Dado que el FSC no ofreció remedio alguno a la comunidad para compensarla por los daños a sus tierras y a los ecosistemas de los que dependen para su vida, el FPP y las propias comunidades se preguntan dónde está la justicia en medio de tal... escándalo.

En un contexto más amplio, el de la protección de los bosques de Borneo, el futuro es aún más sombrío. Si esta es la forma en que los organismos ambientales, los programas de certificación con múltiples partes interesadas y los Gobiernos ven la conservación, no pasará mucho tiempo hasta que Indonesia haya talado el Corazón de Borneo, y en el proceso haya destruido el modo de vida de los que pueden proteger sus tierras.