“Para nosotros, el bosque era un gran supermercado y una farmacia. ¿Qué vamos a hacer ahora?”

Suzanne Ndjele

Suzanne Ndjele

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Nadia Stone/FPP

“Para nosotros, el bosque era un gran supermercado y una farmacia. ¿Qué vamos a hacer ahora?”

Suzanne Ndjele, una mujer baka de la aldea de Assoumindelé, al sur de Camerún, es una de los muchos baka que sienten que la vida ha cambiado desde que se les impidió el acceso al bosque que han considerado su tierra desde su nacimiento. Los habitantes de Assoumindelé solían entrar en el bosque libremente, pero ahora se ha convertido en la Reserva Ngoyla-Mintom. Suzanne Ndjele ha esperado por años para escuchar si podrá alguna vez volver a entrar en estas tierras. Aquí se comparte su historia.

Suzanne Ndjele

Suzanne Ndjele, a Baka woman from Assoumindelé, Cameroon.

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Nadia Stone/FPP

“El bosque era un espacio grande en donde todos podían ir y llevar a cabo sus actividades. Nuestros padres nos dijeron eso”.

“Nos dijeron que este era el espacio en donde los baka y los seres vivos se alimentan con lo que encuentran en el bosque”.

“Cuando yo era una niña joven, cada mañana, al despertar, había una organización de mujeres que nos decía cuáles eran las actividades de ese día, por ejemplo hoy iremos a recoger hojas, o a pescar, o a recolectar ñames, en esta o aquella área del bosque. Todo esto era orientado por estas mujeres, las cuales llamábamos les moda”.

“Estas actividades estaban muy bien organizadas. Si íbamos a pescar, íbamos hasta cierto lugar, construíamos una presa temporal, una pared para reunir a los peces y así poder atraparlos. Sabíamos que deberíamos pescar únicamente la pequeña cantidad que íbamos a comer, y no usar productos químicos”.

“Si era desenterrando ñames, sabíamos exactamente dónde encontrarlos. Cuando los recolectábamos, sacábamos únicamente la raíz para comer, y volvíamos a enterrar la semilla para que creciera nuevamente. Esa era la forma de conservar el ambiente. Así lo hicimos, para no destruir el medio ambiente”.

“Para el fuego, recolectamos únicamente la madera muerta de debajo de un árbol. Nuestro uso del bosque era muy racional y sostenible. Recibimos educación sobre el medio ambiente, pero también acerca de las enfermedades, la pubertad y la educación sexual, cómo acercarse a un hombre y evitar las enfermedades transmitidas sexualmente. Esa era una educación muy buena, ya que las mujeres mayores cuidaban a las niñas jóvenes”.

“Hoy en día ya no es así. Las personas se están volviendo cada vez más independientes. Las cosas han cambiado desde que las personas salieron del bosque para vivir al lado de los caminos. Su mentalidad ha cambiado. Los jóvenes baka ya no son tan cercanos a sus padres”.

“El cambio mayor entre entonces y ahora es que los baka ya no pueden entrar al bosque. Nuestro bosque está ocupado ahora por el Gobierno, y esto realmente ha reducido nuestro espacio. Ya no podemos ir al bosque y recolectar sus productos. No podemos ya transmitir nuestros conocimientos a las generaciones futuras”.

“Han pasado cuatro años desde que dejé el bosque. Los guardas ecológicos vinieron y nos dijeron ‘nadie puede volver a entrar al bosque’. Si seguíamos entrando éramos amenazados. Yo fui y me golpearon”.

“Una vez, mi esposo Andre Bako, mi hermanastro Leon Béké y yo fuimos y entramos al bosque, detrás de la aldea. Hay un sendero forestal desde acá. Llegamos a donde Leon tiene una choza, donde tenía un terreno pequeño. Un bantú llamado Koba entró al bosque y nos encontró. Salió e informó a los guardias ecológicos que estábamos allí, que no sabía si estábamos cazando, pero que estábamos allí. Los guardias vinieron, nos encontraron y nos pegaron. Nos hicieron sentar en el suelo, con nuestras piernas estiradas y los pies doblados. Nos pegaron en nuestros pies descalzos con el borde plano de un machete. Luego nos pegaron en nuestras colas. Nos hicieron acostar boca abajo y nos pisotearon en nuestras espaldas. Nos pegaron. Mi esposo casi pierde un ojo. Todavía hoy le duele”.

“Ni siquiera nos preguntaron si estábamos cazando o solamente caminando. Solo querían que nos fuéramos”.

“Antes de estos cambios los animales estaban más lejos, pero ahora vienen a la aldea y caminan sobre nuestros campos. El terreno de una persona, junto a su casa, fue completamente destruido por un gorila. No le quedó nada para comer. Algunas veces volvemos de donde estuviéramos y están en nuestra chagra. Si hay gorilas en nuestra aldea quiere decir que son muy abundantes en el bosque”.

“Lo que me molesta, lo que me duele, es que quieren preservar el bosque, pero quieren excluir a los baka, y esto disminuye nuestro conocimiento cultural. El bosque era nuestra escuela de vida. Incluso si dicen que van a reemplazar el bosque con otras cosas, como ganado, esa no es la forma de los baka. Si por ejemplo le dieran a la gente ganado, los baka no lo comerían, ya que esa no es la carne que nos gusta. Y si hicieran un proyecto en donde nos dieran pollo tampoco nos beneficiaría ya que la capacitación no nos convendría ni a nosotros ni a nuestra cultura, y tampoco nos gustaría comer la carne”.

“Cuando Komba, el dios baka, creó el mundo, puso todas las creaturas allí, y puso al hombre por sobre ellas para controlarlas y cuidarlas. Cuando Komba puso a los humanos en la tierra los baka se quedaron en el bosque para comer la fruta y los árboles, y tenían únicamente un poco de carne para comer. Los baka no abusaron del bosque, fue nuestra forma de sobrevivir. Todo lo que usamos en el bosque lo conservamos y cuidamos, porque no queríamos que todo se arruinara”.

“El bosque, para nosotros, era un gran supermercado y farmacia. ¿Qué vamos a hacer ahora?”

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