Los esfuerzos de una empresa de aceite de palma para frenar la deforestación no son sostenibles

Miembro de la comunidad en una plantación de palma de aceite
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FPP

Los esfuerzos de una empresa de aceite de palma para frenar la deforestación no son sostenibles

Las empresas de aceite de palma han sido criticadas durante mucho tiempo por su dañino desbroce tanto de bosques como de turberas, el cual contribuye considerablemente al calentamiento de la Tierra. Se calcula que Indonesia, donde la deforestación sigue en aumento a pesar de las promesas presidenciales de detenerla, es el tercer emisor mundial de gases de efecto invernadero. Esto se debe más que todo al desbroce a gran escala de tierras para destinarlas a plantaciones de aceite de palma, a empresas de pulpa y papel, así como a la transmigración.  Dada la ineficacia de los esfuerzos gubernamentales, conseguir que las empresas reserven zonas para bosques y turberas dentro de sus concesiones parece una forma razonable de limitar el problema. Pero, teniendo en cuenta que la mayoría de las concesiones son otorgadas por los Gobiernos sin reconocer ni asegurar primero las tierras de las comunidades locales¿qué implicaciones tendrían esas reservas para los derechos y los medios de vida de los pueblos de los bosques?

Un nuevo informe del Forest Peoples Programme y Transformasi untuk Keadilan-Indonesia(TUK-I) explora cómo una de las mayores empresas de aceite de palma de Indonesia, Golden Agri Resources (GAR), está poniendo a prueba su nueva Política de Conservación de Bosques en su subsidiaria PT Kartika Prima Cipta (PT KPC), en el Distrito Kapuas Hulu, Kalimantan Occidental, que está formado por tierras altas famosas por sus grandes lagos, sus amplios pantanos de turba y su productiva pesca en aguas interiores. 

Las conclusiones son bastante alarmantes. Lejos de ser un proyecto modelo que reconcilia los derechos de las comunidades y los esfuerzos de conservación de bosques con los intereses de las plantaciones de palma de aceite, lo que descubrimos fue una apropiación continua de tierras que infringe claramente las normas de la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO), de la que GAR es socia destacada. Es más, las formas en que últimamente se están imponiendo planes ideados con el fin de reservar zonas para «altos valores de conservación» y «reservas ricas en carbono» hacen caso omiso de los sistemas de uso, propiedad y clasificación de la tierra que aplican los pueblos que habitan en esas zonas,  limitando sus medios de subsistencia y sus opciones para generar ingresos.  Las comunidades Dayak afectadas no disponen en la actualidad de tierras suficientes, mientras que los pescadores Malay afectados se quejan de la contaminación de los ríos, que está reduciendo las poblaciones de peces y provocando problemas para iniciativas de cría de peces.

 

Aunque no todos los miembros de las comunidades están en contra de la palma de aceite y algunos aprecian auténticos beneficios, las imposiciones han causado graves discordias en casi todas las comunidades. Desde el año 2007, cuando la concesión fue anunciada por primera vez, se empezaron a presentar protestas y manifestaciones públicas contra las injusticias que se perciben. Dichas protestas han continuado hasta el 2013. La empresa ha pagado a la policía para que disperse a los protestantes.

 

Estas deficiencias fueron comunicadas a GAR en julio de 2013, pero la empresa reaccionó muy lentamente a la hora de tomar medidas correctivas sobre el terreno. No obstante, recientemente la empresa se ha comprometido a mejorar las cosas y está abierta al diálogo y a recibir asesoramiento, incluso de sus críticos.

 

Los problemas identificados por el FPP y TUK-I tienen una gran relevancia. GAR está aplicando este mismo planteamiento en 8 plantaciones de Borneo y en su gigantesca y enormemente controvertida concesión de Liberia,  Golden Veroleum Limited.Ahora una filial de GAR, Asia Pulp and Paper, está aplicando la misma política a sus explotaciones de pulpa y papel de 2,4 millones de hectáreas situadas en Sumatra y Kalimantan. El mayor promotor de aceite de palma del mundo, Wilmar, que comercializa alrededor de 22 millones de toneladas de aceite de palma al año, aproximadamente un 45% del comercio mundial, también se ha comprometido recientemente a seguir el planteamiento de las «reservas ricas en carbono», aunque en la práctica aún no lo ha aplicado. Muchos otros grandes comerciantes, minoristas e inversores del sector del aceite de palma parecen dispuestos a seguir su ejemplo.  

El FPP les está pidiendo que afinen su planteamiento. Los esfuerzos de conservación de los bosques no pueden funcionar si se permite que haya una “apropiación de las tierras” reservadas para bosques. Lo que deben hacer las empresas es empezar a respetar los derechos territoriales de las comunidades,  asegurar sus medios de subsistencia y  dejar claro desde el principio qué zonas pretenden ocupar tanto para plantaciones como para la conservación. Como dice Anton Widjaya, Director de WALHI-West Kalimantan, la sección local de Amigos de la Tierra:

 

Estos tipos de proyectos solo van a funcionar una vez que los Gobiernos tanto locales como nacionales reconozcan previamente los derechos de los pueblos y las empresas comprendan que están allí como invitadas de las comunidades locales, no como señores feudales. Eso es lo que queremos decir cuando decimos que todo este tipo de operaciones requiere el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades.

 

No podemos hablar de «aceite de palma sostenible» si los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales están siendo socavados y como consecuencia del proceso sus medios de subsistencia pasan a ser insostenibles. Los esfuerzos de conservación de bosques tienen que partir de los derechos de las comunidades, acomodar sus medios de vida y colaborar con sus representantes. Como dijo el líder de una comunidad Dayak:

 

Vinieron aquí y... dijeron que querían ayudarnos a proteger nuestro bosque. También nos prometieron minifundios [de palma de aceite] si cedíamos nuestros bosques. Les contestamos que estas zonas serán preservadas por nosotros, pero no queremos ceder nuestras tierras, queremos proteger el bosque nosotros mismos. Es extraño desde nuestro punto de vista. Hemos conservado estas zonas nosotros mismos y ahora quieren apropiárselas... 

Una anciana de otra comunidad dijo más crudamente:

 

¡Ya es basta! ¡No queremos que se apropien de más tierra para palma de aceite, y mucho menos para este «carbono»!