Reflexiones sobre Rio más 20, el desarrollo sostenible y la Economía Verde por Robert Guimaraes, Pueblo Indígena Shipibo Konibo, Escuela Amazónica de Derechos Humanos, Perú

Reflexiones sobre Rio más 20, el desarrollo sostenible y la Economía Verde por Robert Guimaraes, Pueblo Indígena Shipibo Konibo, Escuela Amazónica de Derechos Humanos, Perú

Después de las gestiones de los gobiernos en Rio más 20 se ve que hay unos elementos útiles en los resultados, en especial el reconocimiento de la importancia de diversas economías y políticas de desarrollo. Sin embargo, aunque se han reafirmado los derechos humanos en la ‘visión’ de los países, este tema casi no fue incorporado a través de los resultados. En general no hay políticas ni compromisos claros en relación con los pueblos indígenas. La falta de reconocimiento es muy notable, por ejemplo, en el texto sobre bosques, lo cual ni menciona a nuestros pueblos que sostenemos a la mayoría de los bosques naturales dentro de nuestros territorios ancestrales según nuestros usos y valores consuetudinarios. Según mi propio análisis el resultado de Rio + 20 no constituye un gran avance ya que deja de lado unos elementos fundamentales como el consentimiento libre, previo e informado.

De igual modo, mirando los últimos 20 años desde la Cumbre de la Tierra realizado en el año 1992, se ve que los países solamente han efectuado cambios mínimos en tratamiento del tema de desarrollo y el medio ambiente. Muchas veces la acción estatal ha sido restringida al establecimiento de nuevos instancias del estado como, por ejemplo, la formación del Ministerio de Ambiente en Perú. En muchos países, incluyendo en el mismo Perú, no se ha visto acciones estatales para aplicar las normas de los tratados internacionales sobre el medio ambiente y los derechos humanos. Los asuntos fundamentales de los derechos indígenas y las obligaciones del Estado quedan encarpetadas por los gobiernos.

Los estados más bien ponen ‘maquillaje’ a sus políticas de desarrollo utilizando un discurso sobre la erradicación de la pobreza y protección ambiental. El estado habla mucho de cifras y una disminución en el nivel de pobreza. El ex presidente Alan García en su informe ante las Naciones Unidas manifestó que el pueblo peruano está libre del analfabetismo, siendo ya un país de “crecimiento económico rápido”. Sin embargo, este “desarrollo” y las políticas de crecimiento se basen en la expansión amplia y acelerada de las actividades extractivistas en los territorios indígenas que ha causado sufrimiento, daños ambientales y la violación masiva de nuestros derechos colectivos. Nuestros pueblos siguen siendo muy vulnerables ante estas políticas verticalistas y extractivistas del estado peruano.

Por eso los estados y las agencias internacionales de desarrollo deben cambiar sus criterios para la medición de la pobreza y el desarrollo sostenible. Los criterios actuales tienen un enfoque en el nivel de ingresos monetarios, la posesión de productos electro-domésticos, el nivel analfabetismo y el numero de carros y casas entre la población. Estos datos no reflejan la calidad de vida para los pueblos indígenas. Para nosotros bienestar se mide por la existencia de agua y ríos limpios, peces libres de contaminación, bosques sanos e intactos, el espacio aéreo sin contaminación, libertad de mover y aprovechar diferentes ecosistemas y recursos.

Entonces, ¿de qué ‘desarrollo sostenible’ hablamos? ¿De qué ‘economía verde’ hablamos cuando hay niños con cadmio y plomo en su sangre como es el caso en Corrientes y Loreto en la región oriental de Perú? ¿Dónde fue el ‘desarrollo’ cuando se abrió el campo gasífero de Camisea y se generó  la muerte de 50% del pueblo Nahua-Nanti en los años ochenta? Y hoy ¿Dónde está el desarrollo sostenible cuando hay planes de construir proyectos de interconexión vial entre Ucayali (Perú) y Acre (Brasil) bajo el megaproyecto IIRSA-centro que corre el mismo riesgo de matar al pueblo autóctono Isconahua en situación de aislamiento voluntario. La respuesta es que no hay un desarrollo sostenible, estamos en un escenario de violaciones sistemáticos de nuestros derechos fundamentales de pervivencia.

Nosotros tenemos alternativos viables fundamentadas en las economías locales bioculturales no-contaminantes. Podemos ofrecer al mercado productos orgánicos que no enferman a la gente ni al mundo: hay el palo rosa, el cacao amazónico, plantas curativas para el cáncer y diabetes. Estos son los beneficios que ofrecemos al mundo, siempre en cuando nuestros derechos y nuestras sabidurías ancestrales estén íntegramente protegidos.

En consecuencia los estados tienen que garantizar y hacer compromisos vinculantes y tomar acciones concretas para respetar nuestros derechos dentro del marco de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y otros instrumentos y acuerdos internacionales sobre derechos humanos. Hay que iniciar un proceso inclusivo con la participación plena y efectiva aplicando un enfoque intercultural para el diálogo sobre el desarrollo sostenible entres los estados y nuestros pueblos.

En general me siento que los pueblos indígenas planteamos fuertemente nuestras demandas a los estados en la cumbre de Rio más 20 y estamos conscientes que nuestra resistencia y esfuerzos de proponer alternativas continuarán. Hemos reafirmado con una sola voz que es hora de asumir las responsabilidades históricas para revertir siglos de depredación, contaminación, colonialismo, violación de los derechos y genocidio de nuestros pueblos. Es hora de asumir las responsabilidades con las generaciones futuras. Hoy, hemos elegido la vida.