«Bosques con elevadas reservas de carbono»: desafíos de la implementación

«Bosques con elevadas reservas de carbono»: desafíos de la implementación

En respuesta a la presión de los consumidores para que se retiren de las estanterías de los supermercados los productos que tengan alguna conexión con la deforestación, las empresas han estado haciendo numerosas promesas de «deforestación cero», a menudo acompañadas de compromisos de «explotación cero». Estas empresas buscan asegurarse de que los productos de sus «cadenas de suministro» no tienen consigo una «deforestación incorporada» y no están vinculados al acaparamiento de tierras ni a la violación de los derechos humanos y laborales. Estos compromisos son bienvenidos, pero plantean numerosos interrogantes, por ejemplo: ¿qué requieren en la práctica y cómo se puede verificar el desempeño de las empresas?

En 2011-2012 Greenpeace y The Forests Trust con Asia Pulp and Paper y Golden Agri Resources elaboraron un método que daba respuesta a estas preguntas. Sin embargo, cuando se sometió el método a prueba no fue suficientemente sólido para abordar la cuestión de los derechos [1 / 2], aunque ya ha sido relanzado bajo el nombre de Enfoque de las elevadas reservas de carbono (HCS por sus siglas en inglés) y ahora cuenta con un órgano integrado por múltiples partes interesadas que supervisa su aplicación. El FPP se unió a este grupo con la intención de mejorar la forma en que el sistema respeta los derechos y asegura los medios de vida. Dicho órgano ha publicado un juego de herramientas y pretende integrar el enfoque HCS en el de la identificación y gestión de bosques con un alto valor de conservación y en medidas para que se respeten los derechos de las comunidades locales sobre sus tierras y a dar o denegar su consentimiento libre, previo e informado. No obstante aún se están desarrollando mecanismos independientes para asegurar que las distintas empresas y asesores llevan a cabo la delimitación de zonas con elevadas reservas de carbono de manera sistemática (garantía de calidad), y para verificar que las empresas realmente respetan los derechos de las comunidades y protegen las superficies retiradas de la producción.

El enfoque HCS también fue adoptado por el Grupo de Inversores en Aceite de Palma (POIG por sus siglas en inglés), lanzado en 2013 por empresas y ONG, entre ellas el FPP, que estaban insatisfechas con las limitadas mejoras introducidas en la norma revisada que la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO por sus siglas en inglés), adoptada en 2013. De todos modos no había respondido a las peticiones de productos respetuosos del clima que habían hecho destacadas «marcas» y compradores, como el Foro de Bienes de Consumo. Para pertenecer al POIG las empresas tienen que obtener el certificado de cumplimiento de la norma de la RSPO y luego se verifica que cumplen las normas del POIG, que son más rigurosas. En febrero de 2016 la RSPO no quiso quedarse rezagada y adoptó una norma superior a la que denominó RSPO Next y que permite que las empresas de la RSPO intensifiquen su trabajo.

«Elevadas reservas de carbono Plus»

En 2014 un grupo de empresas de aceite de palma dirigido por Sime Darby y Unilever anunció el Manifiesto del aceite de palma sostenible (SPOM por sus siglas en inglés), por el que se comprometía a ofrecer una definición de «elevadas reservas de carbono» con base científica y teniendo en cuenta los derechos de los pueblos de los bosques y sus medios de vida. En diciembre de 2015, tras una investigación detallada a la que contribuyó el FPP, se anunció un nuevo método llamado «HCS+». Este método integra procedimientos para evaluar los cambios en depósitos de carbono bajo tierra, aplicando técnicas LiDAR para estimar el carbono existente en la vegetación de la superficie. Una detallada investigación desde la perspectiva de las ciencias sociales llevó a la conclusión aleccionadora de que no hay ninguna correlación sistemática entre la magnitud de la tala de bosques para plantar palma de aceite y los beneficios para los medios vida locales. Hay que imponer muchos otros requisitos para asegurar que las plantaciones de palma de aceite realmente impulsan el «desarrollo». Por tanto, el método defiende fírmemente la aplicación de salvaguardias para proteger los derechos y los medios de vida, recomienda métodos para asegurar que las futuras plantaciones de palma de aceite mejoren el bienestar de las comunidades y advierte que no se puede comerciar con los derechos humanos en aras del desarrollo.

Los dos métodos difieren en sus técnicas y su intención. El enfoque HCS ofrece a las empresas una forma de decidir qué es y qué no es un «bosque»: básicamente excluyendo todas las áreas de vegetación con depósitos de carbono superiores a cierto umbral de sus planes de tala para crear plantaciones, como forma de proteger la biodiversidad (la técnica actual es mucho más complicada que ésta). El enfoque HCS + tiene la finalidad de garantizar un desarrollo neutro en carbono y permite a las empresas que pueden demostrar que en plantaciones creadas en tierras con vegetación poco densa y zonas degradadas hay secuestro de carbono que compensa la pérdida de carbono provocada por la tala de bosques, lo que les permite talar algunos bosques (una vez más, los detalles son más complicados). Un aspecto más polémico del enfoque HCS + es que abre el paso a empresas que quieran «comerciar» con el secuestro de carbono en una concesión a cambio de la pérdida de carbono en otra «con las mismas características geográficas». Los miembros del comité SPOM que supervisó el estudio científico van más allá y proponen que las empresas podrían incluso solicitar fondos para la REDD+ sea como sea el secuestro de carbono que puedan demostrar. La definición de RSPO Next concuerda en gran medida con la de HCS+.

¿Y qué pasa con los pueblos de los bosques?

Ambos sistemas basados en elevadas reservas de carbono han sido diseñados para empresas grandes, que explotan la palma de aceite en fincas grandes o como «concesiones», en zonas decretadas propiedad del Estado o en bosques que son arrendados a inversores para establecer plantaciones. Ninguno de los dos sistemas es adecuado para pequeños agricultores. El sistema de concesiones es un modelo colonial de desarrollo diseñado para que a las empresas extranjeras les resulte más fácil tomar el control de tierras «nativas». Los esfuerzos para insistir en que las empresas deben respetar los derechos consuetudinarios y el CLPI de las comunidades, tal y como los defienden el FPP y muchas otras ONG, no han llevado a los cambios esperados en la práctica de las empresas. Las definiciones de elevada reserva de carbono siguen sin dejar claro si son aplicables o no a las tierras que pertenecen a pueblos indígenas y comunidades locales o están ocupadas o son utilizadas por ellos de cualquier forma, y los estudios de campo realizados muestran que las empresas que aplican el enfoque HCS optan mayormente por retirar de la producción algunas zonas de sus concesiones en lugar de destinarlas a programas de conservación. El enfoque HCS+ presenta otro defecto y es que da incorrectamente por sentado que los propietarios del carbono de los bosques son los concesionarios, no los pueblos de los bosques, contrariamente a las resoluciones de los órganos internacionales de derechos humanos. Es hora de replanteárselo.